Esta es la quinta conversación del proyecto 100+ Conversations to Inspire Our New Direction (#OKFN100).

Desde enero de 2023, estamos nos reuniendo con más de 100 personas para discutir el futuro del conocimiento abierto, moldeado por un conjunto diverso de visiones de artistas, activistas, académicos, archivistas, pensadores, legisladores, científicos de datos, educadores y líderes comunitarios de todo el mundo.

El equipo de Open Knowledge Foundation quiere identificar y debatir temas sensibles a nuestro movimiento y usar este esfuerzo para moldear constantemente nuestras acciones y estrategias comerciales para entregar de la mejor manera posible lo que la comunidad espera de nosotros y de nuestra red, una organización pionera que ha estado definiendo los estándares del movimiento abierto durante dos décadas.

Otro objetivo es incluir las perspectivas de personas de diversos orígenes, especialmente aquellas de comunidades marginadas, de identidades disidentes y cuya ubicación geográfica está fuera de las principales potencias financieras del mundo.

¿Cómo openness puede acelerar y fortalecer las luchas contra los complejos desafíos de nuestro tiempo? Esta es la pregunta clave detrás de conversaciones como la que puedes leer a continuación.

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Esta semana, casi todo el equipo de OKFN está en Buenos Aires, participando en csv,conf,v7, que ayudamos a organizar. Por eso, el conversatorio de hoy habla castellano y trae la perspectiva latinoamericana y desde el sur para abordar algunos de los desafíos globales de las tecnologías abiertas.

Conversamos hoy con Beatriz Busaniche, presidenta de Fundación Vía Libre, cofundadora del capítulo argentino de Wikimedia y miembro del equipo Creative Commons Argentina.

Beatriz es también profesora universitaria de la Universidad de Buenos Aires y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y tiene un papel muy amplio en el activismo de la cultura digital, los datos electorales, la interfaz de las tecnologías con los derechos humanos, habiendo publicado libros como Monopolios Artificiales sobre Bienes Intangibles (2007) y Propiedad Intelectual y Derechos Humanos (2016).

Con cada conversación, más personas se suman al proyecto. En esta ocasión, tuvimos el placer de contar con la participación de Patricio del Boca, desarrollador de software en OKFN basado en Córdoba, Argentina, Fernanda Campagnucci, la directora ejecutiva de Open Knowledge Brasil, y Lucas Pretti, responsable de comunicación de OKFN basado en España.

Esperamos que disfrute de la lectura.

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Patricio del Boca: La campaña en contra del voto electrónico en Argentina fue la primera vez que milité fuertemente con todas las organizaciones sociales. Y me encontré con que la sociedad no estaba preparada para ese debate público. No había capacitación, no había conocimientos básicos sobre el proceso democrático. Entonces me gustaría pasarte un poco la pelota a vos. ¿Cómo fue tu experiencia? ¿Encontraste las mismas barreras al intentar tener un debate abierto nacional sobre un objeto que incidía directamente en el proceso democrático?

Beatriz Busaniche: Hubo varias barreras que identificamos. Una de ellas es el poco conocimiento que tiene la ciudadanía en general sobre cómo funciona el proceso electoral como parte esencial del sistema democrático. Otra barrera es la relación tecnologías-democracia, la mirada tecnoutópica y solucionista (como diría Evgeny Morozov), que ve la tecnología como un elemento neutral. Tuvimos que trabajar en esas dos problemáticas para poder atender la cuestión. 

Hay cosas básicas que la gente desconoce, como quién desarrolla una tecnología o qué es una tecnología. Por ejemplo, se les decía a las personas que las máquinas no tenían software, y la gente lo creía. Sin embargo, se montó gran parte de la capacitación que se ofreció a la ciudadanía sobre el sistema en base a esa información errónea. Además, había una problemática mucho más amplia y profunda relacionada con los procesos políticos electorales, el hartazgo de la gente, la desidia de muchas personas, la idea de sacarse de encima la elección y la falta de compromiso de las autoridades electorales en algunos casos. 

Esta problemática también se refleja en otros países de Latinoamérica y del norte, donde comenzarán a tener problemas electorales y a cuestionar la democracia. En Brasil, por ejemplo, la discusión del voto electrónico ha sido tomada por distintos sectores políticos, y no se puede discutir debido a que ha sido una de las banderas del bolsonarismo. En Estados Unidos, las denuncias realizadas por Donald Trump ponen en evidencia una complejidad global aún mayor. Las dificultades con las que uno se topa tienen que ver con esas dos grandes problemáticas: los problemas de no entender la política o el desinterés de la política, o el desmantelar los resguardos democráticos, y por otro lado, una falta de conocimiento básico de las cuestiones de tecnología. Y sobre eso hubo que trabajar en una campaña.

Fernanda Campagnucci: ¿Cuál piensas que es el rol del software libre en este contexto? En Brasil ya tenemos casi 30 años de sistema, que fue evolucionando en este período, y sí está en un momento muy consolidado. Los movimientos de software libre están enfocados en perfeccionar el sistema más que cuestionar su valor. ¿Cómo estás viendo este debate tan complejo?

Beatriz Busaniche: Bueno, desde el movimiento de software libre, tuvimos esa discusión acá en Argentina. La primera experiencia que hubo en el país fue hace 20 años en la ciudad de Ushuaia, que si no la conocen, recomiendo visitarla. Se hizo una prueba piloto gratis, por “gentileza” de una empresa española llamada Indra, que tiene una larga trayectoria en proveer servicios electorales, y también de problemas con la ley. 

Había varias organizaciones de software libre funcionando y además tuvimos esa discusión al interior de nuestras distintas organizaciones. Había dos miradas sobre la cuestión. Una era, creo yo, la que se plante hoy en Brasil, que esto es algo irremediable, no se va a poder evitar y por lo tanto, hay que buscar que se haga de manera transparente y abierta. Nosotros en Fundación Vía Libre nos dimos un debate fuerte, discutimos con la comunidad en ese momento y entonces decidimos ir por la negativa. El software libre es condición indispensable, más no suficiente. Lamentablemente, en el caso de Argentina, la cantidad de vectores de ataque que tiene un sistema electoral de este tipo es tan grande y con la capacidad de escalar que nosotros seguimos en la tesitura de decir que no.

Lucas Pretti: El debate sesgado parece ser una marca de los tiempos de hoy. Muchas de las causas de la derecha hoy se ha capturado del progresismo, se usa las mismas palabras – por ejemplo, al derecho a la “libertad de expresión”, que historicamente es una lucha en contra del autoritarismo y de la censura, se ha dado una vuelta peligrosa, de entenderla simplemente como algo sin límites. 

Al mismo tiempo, me parece que estamos viviendo un nuevo despertar crítico en relación a las tecnologías de información, un cambio de modelo. Las redes sociales están en declive, hay cada vez más regulación en el tema de extracción de datos, la idea de que darle voz y opinión a todos implicaría una mejora de la democracia ha resultado ser un error, y la inteligencia artificial parece conformar una nueva frontera.  

En este contexto, ¿cómo puede hoy sobrevivir la idea de cultura libre? Te pregunto por ser alguien que estaba en los orígenes de esta idea.

Beatriz Busaniche: A mí me perturba profundamente esto que decís. Lo que hablábamos con total libertad hace 15 años hoy han sido discursos tomados por la extrema derecha en buena medida, resignificados, y vuelto en contra de todos aquellos que nos podemos seguir pensando bajo el paraguas del progresismo. A mí me genera una pesadez de conciencia enorme. No puedo dejar de pensar y preguntarme qué es lo que hicimos mal.

Pero en realidad yo me niego a aceptar eso. La censura siempre estuvo del lado de la derecha, la catalogación y la habilitación de discursos públicos en función de algún determinado valor moral. Siempre fue la derecha y no nosotros. Yo creo que nos hemos equivocado mucho en pensar que los límites a la libertad de expresión podían ser una solución a los otros problemas mayúsculos que tenemos como la violencia contra las mujeres, la discriminación racial, la incitación al odio contra muchos colectivos. Me parece que estamos agarrando la puerta de la salida fácil. 

No es que la derecha esté reivindicando algunas de nuestras luchas, sino que alguno de los valores de la derecha han perneado nuestro movimiento. Perdón que lo diga con tanta brutalidad, pero creo que es una responsabilidad de quienes defendemos los derechos humanos hacernos cargo de que la salida fácil del discurso “Si no me gusta, entonces lo convierto en ilegal” es una salida de derecha. Nunca ha estado en los movimientos progresistas. 

La democracia a nosotos nos gusta, salvo cuando la democracia nos da una cachetada y nos demuestra que a la mayoría le gustan cosas que no son las que nosotros defendimos. Nos resulta mucho más fácil echarle la culpa a WhatsApp y a las redes sociales que darnos cuenta qué quizás allá hay mayorías a las que no les hemos hablado o a las que no hemos atendido como correspondía. Y que esas mayorías no son idiotas. Eso debería hacernos reaccionar, reflexionar y replantear muchas de las estrategias que hemos aplicado en los últimos 10 años por lo menos.

Fernanda Campagnucci: Quiero volver a la discusión sobre el software libre. Además de la cuestión del voto, hay una discusión más amplia sobre infraestructuras libres y de datos abiertos de gobierno. Hubo una discusión de ley de software libre en Argentina. ¿Cómo se pasó este proceso? ¿Cuál es el papel de la legislación en nuestra región en garantizar una infraestructura libre?

Beatriz Busaniche: Nosotros empezamos a trabajar por un proyecto de ley de software libre cuando nació la Fundación en el año 2000. De hecho, en esa época, presentamos un primer borrador de proyecto de ley de uso de software libre en la administración pública, porque entendemos que la gestión mediada por software es parte de la gestión pública como un todo y es en sí misma un acto público. Por lo tanto, el software libre debería ser la norma y no la excepción en la administración pública.

Pero nuestros intentos de legislar en la materia fracasaron con todo éxito. A nivel nacional, no tenemos ninguna ley que establezca ni estándares abiertos, ni software libre ni nada que se le parezca. Nunca llegamos a tener una política efectivamente activa transversal a las distintas gestiones de software libre en la administración pública nacional.

Distinto es el caso de algunas provincias, que en Argentina gozan de ciertos márgenes de autonomía. La provincia de Santa Fe tiene una ley modelo, tuvo un debate en su legislatura provincial muy interesante y tiene implementada la ley de software libre para la administración pública provincial y un mandato a los distintos municipios que conforman la provincia de que la adopten también. Dentro de ese mandato, el municipio de Rosario es el más representativo porque las distintas gestiones municipales lo tomaron como un elemento de política de estado; se cambiaba el intendente pero la política seguía estando. Esto se tradujo en una adopción parcial de software libre en la administración pública. Hay sectores que lo adoptaron masivamente, hay los que resistieron y hay los que siguen resistiendo. 

Es decir, la legislación es necesaria, genera un espacio de debate importante, pero si no hay un cambio cultural de la adopción de sistemas libres, el cambio no se produce. 

Patricio del Boca: La convicción del Estado se construye cuando movimientos de la sociedade civil se acercan al Estado, lo presionan pero también le ayudan. Muchas veces veo que el movimiento de software libre es profundamente apolítico en el sentido de que está formado por muchas personas anti-Estado. ¿Cómo ves esa dinámica? 

Beatriz Busaniche: Coincido con tu diagnóstico. Sobre todo en el movimiento open se han permeado discursos de eficiencia, lo que ha sido históricamente el discurso neoliberal en los 1990. Los que transitamos la década del escuchamos muchísimo ese discurso de la “reingeniería”, la “eficiencia del estado”, el “ajuste de los costos” y el estado como un “socio bobo” o una piedra en el zapato de los innovadores, que quieren el progreso y que quieren la libertad de generar tecnologías. Y me parece que eso está un poco en el corazón del movimiento open. Hay una cierta idea de que el sector privado es el innovador. 

Me parece que al movimiento open le hace falta leer un poquito más a Mariana Mazzucato, me parece que nos está faltando cultura política. Trabajar en tecnología hacia escribirse en algún tipo de movimiento social civil no te da el background de política que hace falta para cambiar la realidad. Lo que quiero decir con educación política es que puede ser no partidaria. Se puede dialogar con el estado desde una asociación, de un movimiento social, desde la política de las convicciones y no de las negociaciones. Coincido que la postura anti-Estado no ayuda.

Nosotros en Fundación Vía Libre tenemos un mantra que lo repetimos cuando ganan los que nos gustan y los que no nos gustan. El mantra es “no importa quién esté en el gobierno, nosotros siempre somos oposición”. Eso nos ha dado mucha soltura para movernos, mucha flexibilidad para criticar lo que consideramos criticable para elogiar lo que consideramos elogiable.

Lucas Pretti: Tuvimos recientemente una conversación con Zoë Kooyman, la actual directora de la Free Software Foundation (FSF), y precisamente le quería hacerte una misma pregunta sobre los jóvenes de hoy. Zoë decía que para empezar a hablar sobre software libre, hay primero que explicarles que es software. Ellos han nacido y crecido bajo interfaz de usuario y su relación con tecnología es  totalmente distinta. ¿Como ves la involucración de nuevas generaciones con el movimiento? ¿Qué están haciendo desde Vía Libre con gente joven?

Beatriz Busaniche: Coincido con ese diagnóstico. Aquellos que creen que dominan la tecnología porque nacieron con la tecnología y desde su más tierna infancia tuvieron una tableta o un teléfono realmente no saben nada de tecnología. Ni cuáles son las partes de una computadora, ni que es el software. Tienen reacciones hasta viscerales cuando algo no funciona, pero no se preguntan qué es lo que hace que las cosas funcionen.

Me parece que esa lógica de reconstruir la idea de qué es la tecnología y cuál es el rol que tiene en la sociedad me parece que es fundamental. Hablo desde un lugar de tenerle adolescente en casa y ver de primera mano las cosas que pasan. Conviven la lógica de que la tecnología es la solución a todo con un fatalismo tecnológico, de que esto es algo que va a suceder y no hay nada que yo pueda decir sobre esto. Nos está pasando en la discusión sobre inteligencia artificial. Estamos trabajando mucho en esta agenda en este momento.

Hay un discurso por el cual creo que podríamos tratar de entrar pensando en adolescente y también en estudiantes del grado universitario, que es la cuestión medio ambiental. Tanto en la instancia de la creación de la tecnología como del uso y del descarte.

Me parece que toca más de cerca los intereses de esta generación o que por lo menos toca algo que le suena como una causa posible de compromiso. Eso se conecta de una manera distinta de la de nosotros con la lógica del hazlo tú mismo, por ejemplo el comer local, producir tus propios alimentos, etc. Se podría decir lo mismo sobre la tecnologías quizás.

Fernanda Campagnucci: Creo que el feminismo es también una puerta de entrada.

Beatriz Busaniche: Sí, el feminismo tiene una puerta de entrada muy interesante desde la construcción de autonomía. Pensar la tecnología en términos de autonomía, de tomar decisiones sobre tu propio software, sobre lo que usas, sobre lo que tu computadora hace, sobre una reivindicación de la privacidad, etc. Aquí en casa hay un fanático de la privacidad. Sus amigos lo maltratan en algunas situaciones porque dice que no quiere salir en una foto o que la publiquen. Pero al mismo tiempo tiene Windows instalado en su computadora porque “ay, el Linux está horrible”. Casa de herrero cuchillo de palo.

Nosotros actualmente en Vía Libre no estamos haciendo un trabajo específico con jóvenes. Creo que nos supera.

Lucas Pretti: ¿Y qué están haciendo? Comentaste brevemente sobre el enfoque en inteligencia artificial. ¿Nos puede contar más e inspirarnos?

Beatriz Busaniche: Nuestra misión es trabajar en la intersección de derechos humanos y tecnologías. Entendimos que para eso está el software libre, no como un objetivo en sí mismo, sino como una intermedia en esa defensa de derechos humanos. Hoy estamos trabajando mucho en todo lo que tiene que ver con identificación de estereotipos y sesgos en sistemas de procesamiento del lenguaje natural

Creo que estamos haciendo un trabajo bastante bastante interesante para nuestra región. Hemos desarrollado un prototipo para detección de sesgos en artefactos de procesamiento de lenguaje natural. Queremos pasar de estereotipos a discurso de odio porque el discurso de odio muchas veces se sostiene en la construcción de estereotipos. Entonces estamos buscándole la vuelta para darse salto. tratar de poner una un llamamiento a integrar la ética y los derechos humanos en el momento mismo del diseño de las tecnologías. Si podemos lograr eso, creo que habremos cumplido con nuestra misión. Es el proyecto que me tiene más entusiasmada.

1 thought on “Beatriz Busaniche: ‘El discurso de odio se sostiene en estereotipos, que a menudo son impulsados por IA’”

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